Las cenas de Nochebuena. Seis consejos para que no se te hagan un infierno.

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   La Navidad, esa época de paz y alegría. Todo el mundo dispuesto a reencontrarse y a pasar un buen rato. La felicidad, el color rojo y las películas repetidas inundan día tras día nuestras vidas. Y para colmo, cenas, almuerzos, hasta meriendas de navidad. Con la familia, con la empresa, con los amigos o con quien tú quieras, seguramente te toque vivir algún encuentro de este tipo en las fechas venideras. 

   Pero para algunas personas, estas reuniones pueden suponer por muchas razones un evento muy estresante. Nuestros niveles de ansiedad se disparan, empezamos a tener miedo al encuentro varios días o semanas antes, y cuando llega el día, podemos hasta enfermar. No es raro que la cena de navidad con los familiares o amigos se convierta en un problema para nuestra salud mental. Si no quieres que la cena de navidad se convierta en un infierno en vez de ser todo eso bueno y divertido que esperas, aquí tienes algunos consejos que te pueden ayudar a plantearte la de este año de forma diferente, y con la salud mental en el punto de mira.

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   Si eres tú quien organiza, no dejes que te pille el toro. La cena de nochebuena no es algo que nos pille por sorpresa. Todo el mundo sabe, por lo menos el día. Entonces, ¿cómo es que existe estrés de última hora? Porque no planificamos. Una buena práctica es la de crear la lista de la compra (y la de los regalos) y llevarla siempre encima. Así, podrás ir haciendo las compras con más tiempo, cosa que será menos estresante, y hasta puede que nos haga pillar alguna oferta. Cuando llegue el día de la cena, la planificación y la anticipación también serán tus aliados. Ten preparado todo lo que puedas, para que no te toque “trabajar para tus familiares”. Escoge ayudantes, delega, o prepara un menú en que puedas tener preparadas cosas de antes. Todo vale. Lo más importante es que un evento como este no se convierta en el evento más estresante del año. Si es necesario, compra comida preparada. Recuerda que lo más importante de la cena es la convivencia con las personas, no la cena en sí. Y para cuando llegue el momento, pon en marcha todo lo que has anticipado y planificado, que para algo lo has hecho (incluidos ayudantes, delegados, etc.) y se acabaron las preocupaciones. El entrecot va a estar igual de bueno si unos minutos antes se ha caído una copa de vino en la otra punta de la mesa, o si la televisión no enciende, y si no lo está, tampoco pasa nada. Ten claro, y haz que tus acompañantes tengan claro también que lo que importa es la compañía, la convivencia y el cómo disfrutéis de la noche. Todo lo demás sólo son cuestiones circunstanciales. Te puede ayudar mucho empezar la velada con unas palabras en que expliques a tus acompañantes tu postura y tu intención de disfrutar de su compañía. Seguramente, ellos piensen igual, y una vez dicho por todos, la noche entera podría ir mejor.

Consejo 2: Cuidado con el alcohol (especialmente antes).

hombre que ha tomado mucho alcohol

   En algunos sitios, las cenas de nochebuena, las cenas de empresa y en, general, estas reuniones, empiezan con unas copitas antes para ir calentando motores. También puede ser que esto se haga para evitar ayudar en la preparación del festín (sí, lo sabe todo el mundo). Este rato divertido puede hacer que empieces la velada yendo un poco acalorado ya. En ese caso, probablemente te ocurra que se te suelte la lengua demasiado pronto, y como los demás no están en la misma situación, lo pillan rápidamente. Esto no es lo mismo que ir cogiendo el ritmo todos los presentes a la vez, con alcohol o sin alcohol, y que el ambiente vaya envolviendo a todos por igual.Si a ti se te ha ido la mano antes de la comida, puedes encontrarte, además, con el estómago revuelto, sin apetito, o con una aversión al marisco que desconocías. O peor, de resaca, pero rodeada/o de familiares gritones que están empezando a beber, niños jugando, mensaje de navidad, etc. Estoy seguro de que no pretendes eso. Recuérdalo antes, a la hora de las copas de calentamiento. Además, ten en cuenta que probablemente sigas bebiendo durante o después de la cena. No se me escapa que habrá quien recurra al alcohol para coger fuerzas y enfrentarse a la reunión familiar. Para estas personas: ten cuidado, la solución que te parece buena al principio puede acabar complicándote la noche. En lugar de eso, prepárate, planifica, mentalízate y cárgate de estrategias de supervivencia para las familias. Algunas que nombramos aquí, pueden resultarte útiles para ello.

Consejo 3: El estrés que viene de fuera, déjalo fuera.

   Es posible que estés pasando por una mala racha. De hecho, todo el mundo tiene derecho a pasar malas rachas y a sufrir de cierto estrés de vez en cuando, como se diría. Sin embargo, poner tu estrés en medio de la mesa de navidad no te va a hacer nada bien. Probablemente hagas que algunas de las personas que están en frente piensen que sus problemas son mucho mayores que los tuyos, cosa que seguramente te moleste. Aquí empieza entonces una espiral que terminará en discusión, o por lo menos, en una mala noche para muchos. En lugar de eso, intenta llevar una actitud calmada y centrate en buscar las cosas buenas de esa situación y disfrutarlas, aunque pienses al principio que lo único bueno de esa reunión es el menú, o aunque pienses que tendrás que fingirlo. Ya es algo. Con esto no vas a poner fin a tu mala racha, pero al día siguiente serás la misma persona, con la misma situación, pero con un buen rato a tus espaldas. Esta pequeña luz al final del túnel puede ayudarte a coger fuerzas para afrontar esa época de mala racha con vistas al futuro. En resumen, el estrés de fuera, déjalo fuera, e intenta disfrutar del aquí y el ahora. Mañana, será mañana. Sé que puedes estar pensando que esto es más fácil de decir que de hacer. Tendrás que esforzarte por hacerlo, o al menos, si no quieres que todo el mundo te acabe preguntando qué te pasa, cosa que seguramente sea muy molesto y te pueda fastidiar la noche, intenta que no se te note. Pero ojo, no te estoy aconsejando que finjas estar bien siempre, y menos con tu familia. Ese círculo más íntimo de tu red social son un gran apoyo, mucho mayor de lo que la gente se puede pensar. Sin embargo, en estos eventos pueden no estar en su mejor momento. Se distraen, beben, discuten, y podrían no ofrecerte sus mejores versiones de sí mismos. Mañana, será mañana.

Consejo 4: Intenta volverte transparente para las rencillas familiares.

Acabamos de hablar del estrés de fuera de la familia. Algunas veces pasa que ese estrés no viene de fuera, sino que es la misma familia la que se convierte en un campo de batalla. Rencillas familiares ha habido desde siempre, y la cena de navidad parece que es un momento perfecto para que afloren. Bien sea porque tu cuñado no te cae bien, por aquel día en que tu suegra no te saludó, aquel regalo que te gustó tan poco (porque era feísimo) o incluso por el clásico conflicto de lindes, hay mil razones por las que la familia, que debería ser un oasis en que sentirse protegido, se convierte en el elemento que nos causa la ansiedad. Sería algo así como “ansiedad familiar”. Puede pasar que te ocurra esto, pero como normalmente no convives con tu familia, no pasa nada. En cambio, durante estas cenas te vuelves a encontrar con esas personas que te generan esos niveles de ansiedad tan altos y que quieres evitar, y para colmo, no puedes hacerlo. Un buen consejo para esta situación se acerca bastante al que se acaba de indicar para el apartado anterior. Intenta enfocar la situación de tal manera que te permita disfrutar de lo bueno que puedas ver en ella, y mañana, será mañana. A fin de cuentas, ese cuñado que nos cae mal hoy, igual puede caernos mañana, pero habremos salido del paso. Quizás, incluso, esta posición de transparencia pueda hacer que descubramos que no es una persona tan odiosa. Y siempre, si ves que esta situación te va a superar, puedes poner alguna excusa y evitar la reunión. No pretendo con esto invitar a todo el mundo a que eviten las cenas de navidad, pero sí que hay que dejar claro que son eventos que deben despertarnos esas emociones positivas de felicidad, alegría y reencuentro. Si no es así, quizás deberíamos plantear si nos importa más nuestra salud mental o lo que piensen nuestros familiares. Seguramente, si lo explicas con tranquilidad, lo entenderán, que no son tan malos.

"Ten en cuenta que sois familiares, amigos, o lo que sea que os ha hecho reuniros. Más o menos, sabéis de qué pie cojea cada uno.​"

Consejo 5: Evita los temas de conversación polémica: juguemos al Tabú.

   Este es quizás el consejo más típico para todas las reuniones como las de navidad. Hay ciertos temas que son conocidos creadores de discusión. Incluso ha sido vox pópuli durante mucho tiempo que de futbol, de política o de religión no se hablaba en las comidas, porque la gente tiene tendencia a acabar discutiendo. Con respecto a esto, no hay mucho que añadir. Simplemente hay temas que en combinación con el alcohol, la diversidad de opiniones, y demás elementos típicos de una reunión familiar, parecen bombas de relojería. Estos temas, mejor no tocarlos, o intentar tener buen ojo y dejarlos para otro día. Ten en cuenta que sois familiares, amigos, o lo que sea que os ha hecho reuniros. Más o menos, sabéis de qué pie cojea cada uno. Si hace falta, un buen ejercicio puede ser crear entre todos una lista de temas prohibidos al principio de la velada. Esto puede incluso ayudaros en el caso de que haya niños delante y os interese que no os vean discutir a lo loco. De hecho, los niños pueden hacer de árbitros y vigilar si se está hablando de alguno de los temas de la lista (a fin de cuentas, los niños no beben), para ayudaros a parar y dejar el tema para otro día. A mí se me ocurren varios juegos para meter a los niños en este tema como árbitros, así que sé creativa/o y busca los tuyos. Y si crees que nada de esto te puede servir porque tienes una familia poco participativa, sin niños y dispuesta a discutir, y tu objetivo es que tu salud mental no se vea resentida por estos encuentros, simplemente pon el ojo y cuando la discusión se acalore, ve al baño, revisa las fotos familiares o entra en la cocina y echa un vistazo al asado. En definitiva, evita por lo menos los momentos más acalorados. Quien quiera discutir, que discuta.

Consejo 6: Ten mucho ojo con los comentarios desafortunados: intenta una comunicación no violenta.

   El cocinero o la cocinera lleva semanas planificando la cena, días comprando los ingredientes y horas preparándolos. Ahora llegas tú, entras en la cocina y dices con tono guasón: “otra vez solomillo?”. En ese momento, esa persona entra en cólera porque siente que no te ha bastado con no ayudar, sino que vienes a poner pegas, o peor, a burlarte. Este es un típico ejemplo de comentario desafortunado. ¿Qué debías haber hecho? Para empezar, dejar claras tus intenciones. Si tu intención era bromear, tu tono de voz, tu cuerpo y todos los elementos que intervienen en la comunicación deberían dejarlo claro. Así, evitas malos entendidos. Los malos entendidos son muy comunes en este tipo de reuniones, y algunas veces, sus consecuencias son fatales. Sé inteligente, y evítalos. Intenta dar toda la información que puedas en tus comunicaciones, y sobre todo, dedica una pequeña fracción de tu tiempo a pensar sobre cómo puede afectar lo que vas a decir a la persona o las personas que lo van a oír. En otras palabras, haz uso de una comunicación no violenta. La comunicación no violenta se basa en centrar el foco de atención en la persona que recibe el mensaje y en cómo va a recibirlo, es decir, debe importarnos más lo que va a entender el receptor que lo que quiera decir yo como emisor. Con esta información, modularé mi mensaje para que lo que la persona recibe sea exactamente lo que yo quiero emitir, y si he tenido en cuenta sus circunstancias, sus emociones, su estado de ánimo, etc., conseguiré que la comunicación sea más eficiente, y ese receptor me lo agradecerá. Esta regla básica de la comunicación no violenta también es útil cuando somos nosotros el receptor. En este caso, viene bien, como ejercicio buscar qué ha pretendido decir el emisor, con su circunstancias y emociones, al decir lo que ha dicho, más allá de cómo yo lo he recibido, con mis circunstancias y emociones. Es posible que estemos percibiendo malas intenciones donde no las hay, o que un comentario desafortunado, como los que hemos visto al principio, nos esté afectando a nosotros ahora. Si lo sabemos percibir como tal, hará mucho menos daño. También es posible que, haciendo esto, percibamos mejor las temidas indirectas de nuestros familiares, y lo tengamos más fácil para poder esquivarlas con, por ejemplo, alguna frase hecha. Con esto, la comunicación en este tipo de eventos puede fluir mucho mejor, y nuestra salud mental saldrá mejor parada de la reunión.

   Sé que hay mil consejos para que las cenas de navidad puedan salir mejor, no hay más que buscar un poco en internet. Los nombrados aquí, que no serán los únicos, te pueden servir para hacer más llevadera la cena con ese grupo que te puede estar provocando cierto nivel de malestar psicológico. Porque creo que lo más importante, más allá de lo que pueda pensar tu jefe, de lo que lleves vestido o del tipo de vino que case con el pescado, debería ser la búsqueda del bienestar y de la salud mental y emocional. Y creo que esa búsqueda requiere un camino que empieza en uno mismo. Por ello, si tienes problemas relacionados con la ansiedad, con las habilidades sociales, o de otro tipo, o simplemente eres una de esas miles de personas cuya familia le supone una fuente inagotable de estrés, estos consejos pueden ayudarte en estos días tan especiales.

Por otra parte, cualquier cosa que pueda preocuparte o que puedas temer sobre este asunto, o que quieras incluir en futuras versiones de este artículo, puedes comunicarla usando el cajón de comentarios que hay más abajo, o usando las vías que encontrarás en la sección de contacto.

¡¡¡Feliz cena!!!

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